El campamento veraniego de Waterpolo, MadPolo Campus, bate un nuevo récord de participación con 92 waterpolistas y reafirma un modelo que combina tecnificación, convivencia y diversión para seguir formando deportistas y personas. “Ha supuesto un reto, pero ha sido una semana extraordinaria”, destaca su director, el campeón olímpico y mundial, Iván Moro.

Diez años después de su nacimiento, MadPolo Campus ha celebrado una edición muy especial. El campamento ha vuelto a superarse reuniendo a 92 jugadores y jugadoras, la cifra más alta de su historia, en una semana marcada por el aprendizaje, la amistad y la pasión por el Waterpolo. Pero como recuerdan desde el Campus, “el verdadero éxito no se mide únicamente en récords de participación, sino en la capacidad de formar mejores waterpolistas, mejores compañeros y mejores personas”. Y ese objetivo, un año más, se ha conseguido con creces.
Esta edición no sólo ha servido para conmemorar una década de crecimiento constante, sino también para demostrar la capacidad del equipo para mantener intacta la esencia que ha convertido este Campus en un referente nacional. «Ha sido una semana extraordinaria, es lo que nos han transmitido los chicos. Le hemos dado una vuelta a los entrenos y a las actividades lúdicas-nocturnas. Ha sido un reto porque hemos contado con 92 waterpolistas», explica Iván Moro al hacer balance de esta edición.
Como viene siendo habitual, el Campus reunió a jóvenes procedentes de distintos puntos de España y de edades muy diferentes, desde la categoría alevín hasta juvenil. Un año especialmente emotivo para muchos de los participantes más veteranos, que han vivido su última experiencia como alumnos tras acompañar a MadPolo durante buena parte de estos diez años. «La convivencia ha sido, como siempre, espectacular. Los veteranos cuidan de los más pequeños, que apenas tienen diez años, y han congeniado muy bien. Vamos a echar muchísimo de menos a estos fenómenos, aunque ya están organizando una visita multitudinaria para el próximo verano», reconoce el director del Campus.
Mucho más que entrenamientos

Durante toda la semana, los participantes combinaron sesiones de tecnificación, trabajo táctico y partidos con un completo programa de actividades de ocio diseñado para fortalecer la convivencia entre todos los asistentes. «Aunque sólo disponemos de una semana, cada año se llevan ejercicios de técnica individual que después pueden seguir practicando en sus clubes. Además, disputan varios partidos en los que aprenden conceptos tácticos y ponen en práctica todo lo trabajado durante las sesiones».
Pero si hay algo que define la filosofía de MadPolo desde su primera edición es que el aprendizaje deportivo siempre va acompañado del crecimiento personal. «Los valores son la base del deporte. Es lo que los entrenadores tratamos de inculcarles desde edades tempranas. Son fundamentales y más importantes que la mejora técnica, la evolución deportiva o incluso los resultados», asegura.
Una gran familia dentro y fuera del agua
El ambiente familiar volvió a convertirse en uno de los grandes protagonistas del Campus. Buena parte del éxito de esta edición volvió a recaer en un equipo técnico de primer nivel formado por Ramón Díaz, Carlos Ndongo, Mariano García, Kike Ramírez y Eridú Alcalá, cinco entrenadores con una extraordinaria trayectoria y una enorme experiencia en el Waterpolo, que una vez más demostraron su capacidad para sacar lo mejor de cada deportista dentro del agua.

Junto a ellos, el trabajo coordinado de Lule, Belén, Alba, Carol y Diana hizo posible que los entrenamientos convivieran con juegos, dinámicas y actividades que favorecieron la integración y la convivencia entre todos los participantes. «Somos una familia. Los entrenadores nos dejamos la piel para que aprendan y mejoren deportivamente, pero es todavía más importante si cabe la labor que desarrollamos fuera del agua. Liderados por Lule, los juegos y las actividades hacen que se relacionen e interactúen unos con otros y convierten la semana en una experiencia muy especial».
Precisamente esa atención personalizada es uno de los aspectos que hacen diferente a MadPolo. «Tratamos a los niños como si fueran nuestros hijos. Las actividades que plantea Lule por la noche no las hacen en ningún otro campus y contar además con una fisioterapeuta como Belén, que dedica horas a atender a los chavales, es un valor añadido muy importante». Además, la presencia femenina volvió a consolidarse un año más, con 21 jugadoras, superando nuevamente el 20% del total de participantes y contribuyendo, según el equipo técnico, a enriquecer la convivencia durante toda la semana.
El verdadero éxito llega cuando termina el Campus
Más allá de los entrenamientos o los partidos, la mayor satisfacción para sus organizadores sigue estando en comprobar que las amistades creadas durante el Campus trascienden la propia semana de convivencia. «Me produce una satisfacción enorme ver que, cuando termina el Campus, nuestros deportistas siguen juntos. Unos se van de vacaciones con otros, se visitan en sus ciudades y mantienen esas amistades durante todo el año. Es emocionante comprobar que esos vínculos perduran en el tiempo», explica Moro.
Con la celebración de este décimo aniversario concluye una edición histórica, pero también comienza una nueva etapa para MadPolo. «El reto de los próximos años es que los que ahora son los medianos ejerzan de líderes, igual que lo han hecho los mayores durante esta década, y que sigan transmitiendo ese ambiente extraordinario que hemos construido entre todos durante estos diez años», concluye el director.
